Botellón
Artículo de Héctor Saz Rodríguez, vocal de Comunicación del CNJA, publicado en el Anuario 2009 de Heraldo de Aragón. "Los jóvenes necesitamos alternativas. No nos referimos a 'actividades de ocio alternativo', eufemismo para 'actividades sin alcohol programadas por la Administración'. Lo que necesitamos es espacios donde ser nosotros mismos."
El botellón, y en especial las molestias que ocasiona a los vecinos, es noticia de actualidad un fin de semana tras otro, situación que ha acabado derivando a que sea materia de legislación municipal. Pero una cosa está clara, todos estamos de acuerdo en que debe buscarse la manera de facilitar la convivencia.
Desde el Consejo Nacional de la Juventud de Aragón apostamos firmemente por la educación orientada al consumo responsable de alcohol, cuestión de salud pública que a veces la administración se olvida que debiera ser su preocupación prioritaria por encima de molestias. Es una parte de nuestra cultura y de nuestro ocio, además de una elección personal de cada consumidor.
Dicho esto, tenemos que recordar que los jóvenes que hacen –hacemos– botellón no somos todos alcohólicos. No se trata de competiciones para beber la máxima cantidad de alcohol en el menor tiempo posible. Se trata de reuniones nocturnas donde convivimos, nos conocemos, charlamos, ligamos, nos desarrollamos socialmente, discutimos y nos reímos. Y también bebemos. No todos, por cierto. Hay jóvenes que no beben alcohol, y siguen participando en estas reuniones. Es decir, hacemos exactamente lo mismo que cualquier grupo de amigos en un bar. La única diferencia es que lo hacemos en un espacio público (es decir, de todos, también nuestro), sin pagar precios desorbitados y sin soportar aglomeraciones.
Es curioso que sea en la ciudades más grandes donde mayor sea el problema. Llama la atención porque el tipo de ocio ligado al alcohol en el entorno rural no es menor que en el urbano. Las ciudades crecen, y no siempre humanamente. En las grandes poblaciones vamos perdiendo los espacios donde poder ser jóvenes, mientras que en los ámbitos rurales no se da tanto este problema, porque los bares son más económicos y porque es más fácil tener una peña o local donde reunirse en libertad, sin supervisión adulta.
Comprendemos las quejas por las molestias que podemos generar a otros vecinos. Estamos dispuestos a buscar soluciones, siempre que no pasen por la prohibición. Los jóvenes necesitamos alternativas. No nos referimos a “actividades de ocio alternativo”, eufemismo para “actividades sin alcohol programadas por la Administración”. Lo que necesitamos es espacios donde ser nosotros mismos. Porque los jóvenes nos agrupamos de manera formal, como bien sabemos desde el CNJA, pero también de manera informal. Y lo demás es poner puertas al campo.




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